SALUD Y SEGURIDAD

 

Las políticas y la legislación correctas son esenciales para conducir a Europa hacia un consumo de energía responsable.

 

Si Europa resuelve su objetivo de reducción del consumo de energía del 20% antes de 2020, esto conllevaría una reducción anual de unas 780 millones de toneladas de emisiones de CO2. Para que ésto ocurra la UE y los responsables políticos nacionales deben dar prioridad a la reducción del consumo de energía y promover las acciones necesarias para conseguir las tecnologías que faciliten este ahorro.

 

La Directiva sobre el rendimiento energético en los edificios (EPBD) adoptada en 2002, tiene por objeto promover la eficiencia energética de los edificios, y de cada una de las unidades que componen el mismo.

Los Estados miembros tienen la obligación de adoptar, a nivel nacional o regional, una metodología de cálculo de la eficiencia energética de los edificios que tiene en cuenta determinados elementos, en especial:

  • Las características térmicas del edificio (capacidad térmica, aislamiento, etc.).
  • La instalación de calefacción y de agua caliente.
  • Las instalaciones de aire acondicionado.
  • La instalación de iluminación incorporada.
  • Las condiciones ambientales interiores.

Este nuevo directorio requiere un marco muy ambicioso que se ha establecido a nivel nacional en julio de 2012 incluyendo:

  • Todos los nuevos edificios han de  tener energía casi cero del  "antes de 2020".
  • Requisitos de mínimo rendimiento energético para todos y cada uno de los elementos del edificio que se construyan o que se rehabiliten.
  • Exigencias mínimas para aquellos edificios que experimenten la renovación.
  • Se proporcionará información sobre las opciones de la mejora del ahorro de energía.
  • Certificados de transformación.

Más allá de estos requisitos, la Comisión Europea confia en el camino hacia una economía de reducción de consumo de carbono y de energía en los edificios, pasando del 88% al 91% antes de 2050. La utilización de vidrios eficientes energéticamente desempeña un papel fundamental en la determinación del funcionamiento de la energética global de un edificio, contribuyendo de una manera  importante a la eficiencia energética de dicho edificio.